martes 5 de diciembre de 2006

CRITICA DE CD: KITFLUSKUARTET: UN DISCO REDONDO


De todos es conocido mi temperamento un tanto conservador y mi limitada visión de la realidad. A pesar de esto voy a proceder a escribir una crítica del recientemente publicado CD de KITFLUSKUARTET cuyo título desconozco en estos momentos debido a que he perdido el ejemplar que me regalaron.
Ante todo he de hacer notar que parte de la formación de este grupo (piano, violonchelo, bajo eléctrico y batería) sería muy adecuada para la interpretación de obras realmente importantes en la historia de la música. Me estoy refiriendo, como habrán adivinado los más cultos, al piano y al violonchelo. Son notables las sonatas que Beethoven escribió para dicha formación instrumental(no sé si ustedes, pobres músicos de jazz habrán oído hablar de este compositor. Si no, pueden acudir a cualquier enciclopedia). Las sonatas para violonchelo y piano constituyen para mí la cumbre de la música de cámara del período clásico.
Y yo me pregunto: ¿Por qué no tocan nada de Beethoven en este disco? ¿Por qué se limitan a tocar música ligera? Esto es un desperdicio de medios. Pero supongo que estas obras serias deben ser demasiado complejas para músicos cuya formación profesional ha quedado a medias.
Expuestas pues estas reflexiones iniciales, voy a entrar en materia:
El pianista y líder del grupo, Kitflus (bonito y extraño nombre a la vez, sin duda de origen sueco) interpreta las piezas que él mismo compone por medio de sus dedos.
No se puede decir lo mismo de Roger Blavia, el batería, puesto que este interpreta agarrando unos palos con las manos y golpeando al azar los diversos timbales y platos a los que llama batería.
Esa guitarrica llamada bajo eléctrico es tocada por Rafa Escoté. De este individuo no tengo referencias por lo cual mantendré un respetuoso silencio al respecto. Tan solo sé que ha compuesto algunos de los temas del CD y que domina los ordenadores MacIntosh con una maestría y brillantez encomiables.
En cuanto al violonchelista Manuel Martínez del Fresno, autor también de varios de los temas, a pesar de ser asturiano ha logrado un notable dominio del instrumento, si bien es una lástima que no consagre sus esfuerzos a seguir la senda que el gran Casals abrió ante él.
Las canciones grabadas en el CD que nos ocupa no es que sean desagradables. Para según quien pueden ser incluso fascinantes, si bien para ello es necesario estar en un estado anímico especial provocado por la ingestión de substancias psicotrópicas.
No obstante, la música es para mí, señores, otra cosa. La gran música ha de surgir de una reflexión intelectual profunda y amoldarse a unos cánones estéticos concretos. Tras tantos años de maravillosas obras, sonatas, sinfonías, rapsodias, cantatas, óperas, etc. a cargo de verdaderos genios de la creación musical, es una lástima que ahora surjan grupos como este y nos desbaraten lo hasta ahora conseguido.
La misión del músico no ha de ser divertir a las masas. La misión del músico, tanto en la antigüedad como en los días que corren, ha de ser acrecentar el bagaje cultural de la humanidad por medio de obras que ensalcen la magnificencia de Dios. Me apostaría lo que quieran a que estos músicos no son gente piadosa ni van a misa las fiestas de guardar. Seguramente que algunos de ellos fuman y beben alcohol o hacen cosas peores, mancillando así sus cuerpos, verdaderos templos de Dios que nos han sido otorgados como el mayor de los bienes y a los que deberíamos cuidar como oro en paño.
Y añadiría unos consejos dedicados a la juventud: Jóvenes que me leéis: no sigáis los pasos de estos músicos pervertidos. Si en momentos de debilidad vuestra fuerza de voluntad flaquea y sentís la tentación de dedicaros al jazz o a otros estilos menores, recordad que la única música verdadera es la que ensalza a Dios nuestro Señor y a Jesucristo, su único hijo. Pensad en las 150 y pico cantatas de Bach y en las pasiones que escribió y olvidad el género del jazz, género que, no debemos olvidar nunca, surgió en una época de decadencia en un país decadente y que fue desarrollado por personas impías , negros en su mayoría: Billie Holliday, prostituta en sus ratos libres, Charlie Parker, John Coltrane y Miles Davis, drogadictos y Bill Evans, que, aunque blanco, también fue proclive a la autodestrucción.
Jóvenes amigos, sed inteligentes y no os dejéis llevar por los bajos instintos. Pensad que en vosotros está la semilla de lo que será el futuro de este gran arte al que llamamos “Música” con mayúsculas.

Me cago en Dios.

Pere Bardagí

(Por si no lo han captado, es broma, aunque hay gente que suscribiría punto por punto estas extrañas opiniones. Buenas tardes.)

lunes 4 de diciembre de 2006

MUSICA PARA LA MUJER

UN GRAN INTERPRETE Y UN GRAN COMPOSITOR
Ciclo: Música para la mujer.
Local: Auditorio del Conservatorio Femenino Iparraguren.
Programa: Obras de Xavier Blanch Mezquíriz.
Intérpretes: Grupo Amistad.
Fecha: 3 de diciembre de 2006.
por PERE BARDAGÍ

Cuando un concierto ofrece un programa dedicado a las obras de un solo compositor se corre el riesgo de provocar el aburrimiento entre los asistentes. No fue así en el concierto que nos ocupa debido a la variedad en la instrumentación de cada una de las piezas propuestas en este ameno programa y tambien al hecho de que entre obra y obra actuaron los célebres payasos Hermanos Topetti.
El compositor y oboísta Mezquíriz ya nos había obsequiado agradablemente los oídos hace cosa de un año cuando interpretó, dentro de un ciclo dedicado a la obra camerística de Luís Aguilé, las tres sonatas para oboe y piano de este polifacético compositor. Pero en esta ocasión el aprecio que sentí entonces hacia él como intérprete se ha visto incrementado al descubrir esta nueva faceta como compositor.
El concierto dio comienzo con la vigorosa interpretación por parte del grupo que Mezquíriz lidera del Concierto para JOSÉ y orquesta actuando como solista de JOSÉ el propio Mezquíriz, en un alarde de multiinstrumentismo.
Diremos que el instrumento JOSÉ es una invención de Mezquíriz. Es un instrumento de viento y cuerda a la vez, cosa que hasta ahora nadie ha logrado entender muy bien debido a que Mezquíriz guarda celosamente el secreto de la construcción de su instrumento y no ha dejado bajo ningún concepto que los diversos luthiers que se han interesado en estudiarlo se acercaran lo bastante.
La siguiente obra interpretada fue la Sonata “Tintín” para violín y órgano de tubos, interpretada por Pere Bardagí, violín y Jordi Reguant, órgano. Es una obra que dura unos dos minutos y sin embargo no cae en la monotonía.
La Sonata fantasía para flautín y contrabajo fue una de las más emotivas, en parte por la sugerente sonoridad de los instrumentos, tan afines entre sí. El solista de flautín, Claudi Arimany, estuvo a la altura de las dificultades que la partitura propone y fue acompañado salvajemente por Antoni García Araque al contrabajo, tras lo cual ambos huyeron.
Después de una pausa en la que se repartieron camisetas y gorras del Grupo Amistad entre las asistentes, el concierto prosiguió con el plato fuerte de la noche: La Sonata para Oboe Solo de Mezquíriz, interpretada por el propio compositor.
Esta es una de las obras para oboe que más dificultad entrañan de todo el repertorio para este instrumento. El primer movimiento se inicia con un frullato tan largo que al poco rato tuvieron que intervenir algunas personas del público para reanimar al intérprete. La obra continúa con una fuga a cuatro voces en la que tiene que cooperar gente del público dada la naturaleza monofónica del oboe. El tercer y cuarto movimientos son prácticamente idénticos, si exceptuamos tal vez el cambio de indumentaria que realizó el solista entre ambos movimientos. El Finale Enérgico es una apoteosis de semigarrapateas alternadas con alguna negra con punto en spiccatto y algún que otro calderón, tal como Bach hacía en sus corales, o Chopin al final de cada Mazurca. Este último movimiento tiene una duración aproximada de veintisiete minutos y el solista, en algunos pasajes especialmente truculentos, se ve obligado a arrastrarse por los suelos.
Un concierto, en definitiva, que dejó boquiabiertas a todas las mujeres que asistieron.
Y no querría acabar sin destacar especialmente la magnífica interpretación del violinista Pere Bardagí, sin cuya brillante colaboración este concierto hubiera sido un fracaso total. Creo que al escuchar a Pere Bardagí estamos ante uno de los solistas de Cataluña más prometedores, por no decir el único, y que es un instrumentista que aborda la tarea de ejecutar semifusas con la misma parsimonia que un violinista corriente ejecuta un pasaje de redondas. ¡Adelante, Bardagí!

CUARTETOS DE CUERDA DEL GENERAL ALCAZAR

UNA OBRA ALGO IRREGULAR, UNA INTERPRETACIÓN SOBERBIA
Ciclo: Festival de Música del Passeig de Valldaura.
Local: Casino de yayos del Passeig Pi i Molist.
Programa: Quartetos de cuerda 1, 2 y 3 del General Alcázar.
Intérpretes: Cuarteto Virtuosos de España.
Fecha: 1 de diciembre de 2006.
por PERE BARDAGÍ

Si bien el día no era el adecuado, debido a la húmeda metereología y a un partido Barça-Real Madrid transmitido en directo por TV, la afluencia de público fue suficiente como para que este joven cuarteto de cuerda se sintiera arropado por su público. Esta magnífica formación de cámara compuesta por Xavier Blanc “Mariconet” y Pere Bardagí violines,Todor Konstantinov viola y Mark Friedhof violonchelo, supo estar a la altura de las espectativas que en el barrio se crearon respecto a este concierto.
Aunque con un comienzo de concierto algo frío (supongo que debido a que la calefacción se estropeó) poco a poco los cuatro estupendos solistas fueron calentándose y el público así lo notó dado que, al acabar el primer movimiento del cuarteto nº 1 de Alcázar, todo el mundo se puso en pie aplaudiendo y empezaron a abandonar el local. Gracias a la rápida intervención del presidente de la asociación de vecinos nadie se fue hasta que finalizó el concierto.
La obra de Alcázar nunca fue apreciada en vida del General. Esto fue debido, probablemente, a lo osado de sus armonías, a sus ritmos incomprensiblemente sincopados, a la ausencia total de melodía y a que nunca fue estrenada ninguna obra de él hasta que murió.
Los seis cuartetos de cuerda del General Alcázar (tres de los cuales podremos oír el mes que viene en esta misma sala y por el mismo cuarteto) son de toda su producción, seguramente, sus obras más osadas. Como muchos otros compositores, aunque en sus sinfonías, sonatas y demás composiciones se muestre cauto y conservador, a la hora de enfrentarse a la composición de un cuarteto de cuerda da rienda suelta a su imaginación y a sus más recónditos y oscuros pensamientos. Recordamos ahora, precisamente en uno de los cuartetos que hoy nos ocupan (el nº 3) el escalofriante pizzicato de la viola en el segundo movimiento, un pizzicato a la Bartok tan violento que el puente de la viola de Konstantinov fue a parar a la tercera fila de platea, hiriendo en la frente a una señora.
El tercer cuarteto seguramente es el más interesante de los que fueron interpretados esta noche por los Virtuosos de España. Comienza con unos trémolos de violines sobre los que la viola y el violonchelo, a una distancia de octava (más o menos) entonan una intrincada melodía que nada tiene que envidiar a las incomparables melodías de un Luis de Pablo o de un Tomás Marco. Luego, un levísimo pasaje a base de semicorcheas y ropa árabe desemboca en el tema en sí (no en B sino en SI, en SI MISMO quiero decir) tema que constituye el leitmotiv de toda la obra, apareciendo en todos y cada uno de los movimientos hasta tal punto que se hace casi insoportable. No obstante, la maestría de Alcázar le permite, aunque el tema en B sea monótono, conducirlo de manera tal que parezca repetitivo y aburrido, intención, por otra parte, que seguramente es la que tenía el compositor.
Y para finalizar, quiero destacar especialmente, la magnífica interpretación del segundo violín Pere Bardagí, sin cuya brillante colaboración este concierto hubiera sido un fracaso total. Creo que al escuchar a Pere Bardagí estamos ante uno de los solistas de Cataluña y de España, más prometedores, por no decir el único, y que es un instrumentista que aborda la tarea de ejecutar semifusas con la misma parsimonia que un violinista corriente ejecuta un pasaje de redondas. ¡Adelante, Bardagí!